jueves 16 de abril de 2009

desde el mar



Cuando la mar me llamó, yo no sabía que existía. Nací tierra adentro y allí las gaviotas no vigilaban desde el cielo, el sol no estaba teñido de sal y con el amanecer las almas dormían en su cama, y no en un lecho de agua fría.

Esta historia os la cuento pues el mar vino con forma de marinero, las olas de sus ojos chocaron con la arena de mi piel y poquito a poco me arrastró al profundo azul a un cariño sin fin. Pues a pesar que las gotas escapen a las nubes y estas a las montañas siempre vuelven, acabando el ciclo de allí de donde partieron.

Con mirada perdida y ojeras de varios días, así me lo encontré. Escondido entre la multitud, no sabía a quien esperaba hasta que lo vi, una tímida sonrisa, un abrazo temeroso, unas manos que al final dieron forma a miles de palabras encerradas en una cárcel de color blanco. El tiempo se paró, el agua nos fundió y en sirena me convirtió.

Cansado de luchar, fatigado de la tempestad, se asoma mi marinero al borde de su barca preguntándole a su imagen hasta cuando tendrá que aguantar, y el mar le susurra: "ya no más, ya no más, una sirena te vendrá a buscar...".

Dime sol, por qué sólo está mi corazón, por qué el calor no me da forma, ni confort. Si mariposa soy por qué no vuelo, ni me alimento, ni tengo ilusión. Dime sol por qué estoy aquí, por qué no tengo voz. Dime también si hay para mí alguna misión. Y el sol me habló: "vuela mariposa, vuela hasta que toques el azul del horizonte, vuela hasta que oigas una voz, vuela hasta que ya no puedas más, vuela y no mires atrás". Y mi mariposa voló, cruzó ríos y montañas, senderos y caminos, prados y jardines, voló y voló hasta que el horizonte tocó, se cansó y cayó, pero aun así no paró.

Y una mañana el azul estaba en el cielo y también en el suelo, una triste barca mecida por la brisa llevaba a mi marinero, con sus botas de agua y pantalones viejos. Mirando el fondo, al borde del infierno. Me posé en su hombro y le hablé de mi sueño, y así me clavé en su pecho con un simple: TE QUIERO.

Ahora vivo con mi marinero, siendo la sirena que nada por su cuerpo, ahora entiendo por qué la tierra quiere al viento, porque le trae el agua que es su sustento. Y también comprendo como el mar con su furia, manda a las olas buscando esa tierra que toca pero que escapa sin remedio. Ahora sé por qué el mar muere allá donde nace la tierra y el tiempo. Ahora sé por qué la búsqueda no terminará nunca, lo llevamos dentro, unos agua y otros el sarmiento.

Quiero que sea un cuento, lo que con este relato pienso. Siento el mundo muy adentro, siendo mi amor el marinero y yo la mariposa que oyó al mar cantar para que fuera cerca y no muriera sin sentirle dentro. Quiero atravesar el cielo y hundirme en ese negro, ahora puedo, ahora que le tengo en mi lecho, ahora que miro dulce y sonrío y le tengo.

Quiero sacarlo de dentro pues he vivido hasta ahora dormida y sin acierto, y al leerlo veo y comprendo por qué estoy aquí, ... para quererle y ser su aliento.

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